Hace poco leí un libro en el que unos de los protagonistas, siendo adolescentes, veían tanta conexión entre ellos, que decidieron que cuando se hicieran mayores se buscarían para casarse. Aunque éste no es el caso, tiene algo similar, pues de alguna manera la química, que entre nuestros protagonistas surgió en la adolescencia, ha flotado en el aire hasta que hace algunos años se posó en sus corazones y hoy les va a llevar a su consolidación.
La química parece estar muy presente en esta pareja y no porque ella la tenga como profesión, sino porque todo en ellos, cuando me los han descrito, parece concertar a la perfección: él comilón y a ella le encanta cocinar; ella cantante en un coro y él músico, charanguero con su tambor; él fiestero y a ella le encanta organizar fiestas y cualquier tipo de evento.
La conexión es fuerte, pero hay algo que les hace muy queridos entre sus amigos y es lo que tienen de coincidente, pues ambos son detallistas y atentos, se preocupan por los demás, estando siempre pendientes de todo el mundo.
Hoy habéis elegido a cuatro de esos amigos, allegados, familiares que están presentes en vuestras vidas, para que sean los testigos de vuestra boda. Oficialmente tienen que dar fe de que os caséis libremente, sin coacciones y por amor, y firmar certificando que la boda se ha celebrado. Pero en realidad, ellos están ahí también por amor, a vosotros, sus amigos, a los que respetan y quieren y para los que han preparado un sinfín de sorpresas, entre las que se encuentran estos muñecos tejidos con muchas dificultades, para representar vuestra esencia, pero que en realidad sólo son reflejo del aprecio, la confianza e ilusión que me han transmitido vuestros testigos, que hoy rubrican su amistad acompañándoos cuando cada uno de vosotros confirméis a corazón abierto lo que tanto se espera porque lo saben ya...
Sí, quiero