A veces las personas nos perdemos en el camino y no sabemos por donde seguir, y a veces te extravías doblemente en lo profesional y en lo personal. Y cuando crees que no hay salida surge, por ejemplo... Tuercas, y te encaminas de nuevo.
Y es que casi siempre el mejor remedio para la mente humana es no pensar, y para ello lo mejor es centrar tus pensamientos y tu energía en algo motivador o que necesite de ti. Yo tejo, mi amiga adoptó a Tuercas.
Llegó a su vida con 45 días y dice que la responsabilidad de cuidarlo y su compañía le sirvió de guía, además de llenar su vida de ilusión.
Me contó mi amiga que le pusieron ese nombre porque su padre es mecánico y cuando era pequeño y aprendía el oficio tenía un perro en el taller que se llamaba Tuercas (Tuercas primero). El abuelo se lo regaló a alguien de otro pueblo, pero él se escapó y volvió por su propio pie al taller. En homenaje a él surgió Tuercas II, y en homenaje al de mi amiga, que murió el día de San Valentín del 2015 con casi 13 años, surgió Tuercas III.
Creo que su dueña va a ser una preciosidad de niña, muy pequeña para ser dueña de un perro, pero por suerte a éste sólo hay que achucharlo, no necesita muchos cuidados.
Tuercas vivió como un señorito, lleno de mimos, hasta le compraron una pajarita para las fiestas y celebraciones especiales.
Era muy inquieto, yo lo conocí, y le recuerdo así como un perro travieso, activo y juguetón. Sirvió de enchufe a mi amiga, le recargó las pilas, le devolvió al camino y por eso es tan importante para ella.
La vida se nos va llenando de gente, mascotas, cosas... que van y vienen, que a veces desaparecen, pero nunca morirán, porque en nuestros sentimientos, en los recuerdos, y en cada rincón de nosotros viven formando parte de nuestra historia.
¡Amiga, Tuercas se fue, pero siempre vivirá, su esencia late en tú corazón!
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