Hay dos animales con los que las tejedoras nos sentimos muy identificadas: las arañas, por supuesto, seguramente las primeras tejedoras del mundo; y las ovejas, que nos proporcionan la lana, el material, que junto a nuestra imaginación, hace posibles nuestras creaciones.
Hoy quiero hacer un homenaje a las ovejas, tradicionalmente asociadas a la conciliación del sueño.
Aunque he de reconocer que nunca he contado ovejas para dormir y que soy un poco escéptica en cuanto a que esto sea un buen remedio contra el insomnio, lo que sí me produce este animal es mucha ternura.
Calidez, sencillez, suavidad y delicadeza serían los adjetivos que describirían lo que me hizo tejer estas ovejas: la blanca, para una amiga a la que quiero mucho, es la sencillez de la amistad del día a día, siempre presente y dispuesta; la verde, es la suavidad y la delicadeza, tejida para mi hija, para que sienta el amor y la ternura a través del juego con su oveja; y la rosa, un sonajero para el bebé de una amiga, es la calidez que quiero que sienta de mi parte hacia ella.
Sentimientos, emociones, sensaciones... aunque no sea para dormir, espero contar muchas ovejas.
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