El origen de los tatuajes parece remontarse hacia mucho tiempo atrás. Algunas teorías nos hablan del carácter práctico de éstos, pues se grababa en la piel algo que les hacía identificables en situaciones difíciles, e incluso en determinadas épocas se usaban para tapar cicatrices u otros defectos.
Pero pronto comenzaron a tener un significado más afectuoso: el nombre de un ser amado, símbolos de ideologías determinadas o pertenencia a un grupo social. En la actualidad los tatuajes esconden infinidad de significados.
Un día me enviaron la foto de un tatuaje y me pidieron reproducirlo en una muñeca llavero. Cuando lo vi me trasmitió ternura, bondad, sencillez, una muñeca que representaba en pocos rasgos a alguien con ganas de salir adelante, de encontrar su identidad y capaz de hacerlo subiéndose a unos patines, deslizándose por la vida, elevando su autoestima, alzando y girando dejando los miedos atrás, y volando, volando...
Ahora tienes dos cosas, el tatuaje y la muñeca, que no dejarán que te olvides nunca de que siempre hay que volar al encuentro de lo más importante, eso que no dejará que te caigas de los patines de la vida... tú misma.
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