Muchos de vosotros seguro que conocéis o habéis visitado en alguna ocasión el Parque de la Naturaleza de Cabárceno en Cantabria, una de las maravillas del mundo, y no lo digo porque mi padre sea cántabro, precisamente del pueblo donde se elaboran las más deliciosas anchoas del universo jajaja. Bueno, dejemos las alabanzas y vayamos a la historia.
En Cabárceno vive Chuchi. Mi hija pequeña es fan de los elefantes, la primera vez que vio uno al natural fue precisamente allí. Se quedó asombrada, digo yo que por el tamaño, los peluches no suelen ser fieles representantes del tamaño de los animales, menos mal jajaja. Y no sabemos por qué le bautizó como Chuchi.
Desde aquella visita soñaba con él, pero no es la mascota ideal para tener en casa, así que mi niña mayor le hizo un dibujo de un elefante para complacerla, y ella dijo que era Chuchi, ¡estos niños, ven unos parecidos asombrosos!
Después Eva dijo: "mamá, mamá hazme a Chuchi", y que hizo la madre.... pues como cuando tejí la oveja de Eva, coger mi aguja y el dibujo de Lucía, y crear una ilusión.
La sociedad que les ha tocado vivir a nuestros hijos está marcada por la tecnología, la informática y cargada de juguetes interactivos y de todo tipo, lo cual no tiene por qué ser malo, eso sólo depende de la gestión educativa. Pero si he de decir que me llena de orgullo que en este contexto, a mi hija pequeña le rebose la cara de ilusión al enseñar a su papá algo tan sencillo como Chuchi, tejido con el amor de mamá y diseñado con el cariño de su hermana. Y es que el amor, siempre gana.
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